The Time: adjective, verb and noun

By Dora A. Ayora Talavera Ph.D.

I always believed, that time was just a noun, a word that describe an abstract or concrete reality. Suddenly, after reading the next Julio Cortázar’s story on his book “Historias de Cronopios y de Famas” it has an amazing perspective. Let’s play with it!

Preamble to the instructions on how to wind a watch

(Translated by Paul Blackburn)

Think of this: when they present you with a watch, they are gifting you with a tiny flowering hell, a wreath of roses, a dungeon of air. They aren’t simply wishing the watch on you, and many more, and we hope it will last you, it’s a good grand, Swiss, seventeen rubies; they aren’t just giving you this minute stonecutter which will bind you by the wrist and walk along with you. They are giving you – they don’t know it, it’s terrible that they don’t know it – they are gifting you with a new fragile and precarious piece of yourself, something that’s yours but not a part of your body, that you have to strap to your body like your belt, like a tiny, furious bit of something hanging onto your wrist. They gift you with the job of having to wind it every day, an obligation to wind it, so that it goes on being a watch, they gift you with the obsession of looking into jewelry-shop windows to check the exact time, check the radio announcer, check the telephone service. They give you the gift of fear, someone will steal it from you, it’ll fall on the street and get broken. They give you the gift of your trademark and the assurance that it’s a trademark better than others, they gift you with the impulse to compare your watch with other watches. They aren’t giving you a watch, you are the gift, they are giving you yourself for the watch’s birthday.

Measuring time, is probably one of the biggest consensus that human beings have, even though how and when measure it is not exactly the same.

To some, we live in 2015; to others in 4713. In Chinese calendar every year can have twelve or thirteen months and between 353 and 385 days; to us every year have twelve months and 365 or 366 days. To Mayan culture time is counted through cycles, thirteen months with twenty days each one, 260 days per year. Thus, we live on AC. while others lived on BC.

What a perspective!

However these conceptions time constructs us. It is through it that life starts and finishes – though to some actual life start after death, to others we just reincarnate – it gives to life cycles, stages, moments and short and long term effects.

If time as concept constructs, what does it make us?

As a noun, time is not innocent; we have given it more properties that really “belong” to it. It is not a neutral noun that only refers to something. Time, defines the start and end of things, what is past and what is present. It has as well effects on us depending on its actions as “adjective” or “verb”

As an adjective, time qualifies us; it makes us old and young, it also makes us punctual, irresponsible, dissatisfied, resigned and obsessive people. It is also a way, to judge what we do pointing out what is right and what is wrong – e.g. when something happens at appropriate moment- it dictates what is real because is durable and remains; and what is trivial because it is ephemeral.

As a verb, it makes us act, because it makes us go faster or delay decisions –carpe diem- trying to care it; when we are conscious about life and death, it makes us buy, save, assure, trying to project our future; when something happens in a wrong timing it makes us stops and reflects on; when we feel that time is passing, we do what is right studying, paying and sometimes getting pregnant.

Time is as relative – time will tell!- as categorical – here and now!-; it is as cruel –your time is over!- as fun – we have more time than life!-. Either way, as noun, verb or adjective, time shapes us to live on right moment, specific tasks and expected actions.

Don’t even talk about time as an adverb! It will make us seek uselessly, dream intensely, and maybe love desperately.

Have you ever have stood on Greenwich meridian playing to be in the past and in the present, or in the present and in the future, depending on the way you want see it.

REFERENCE

El tiempo: adjetivo, verbo y sustantivo

Por Dora A. Ayora Talavera Ph.D

Siempre creí que el tiempo era sólo un sustantivo, algo que designaba una realidad concreta o abstracta. Y de pronto, tras leer el siguiente cuento del libro “Historias de Cronopios y  de Famas” de Julio Cortázar, toma una perspectiva sorprendente, ¡juguemos con ella!:

PREÁMBULO A LAS INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

La idea de medir el tiempo es tal vez uno de los grandes consensos que tenemos los seres humanos, aunque el cómo y cuándo no sea exactamente el mismo.

Para unos vivimos en el año 2015; para otros en el 4713. En el calendario chino el año puede tener doce o trece meses y entre 353 y 385 días; para nosotros el año tiene doce meses y 365 o 366 días. Para los mayas el tiempo se cuenta en ciclos de trece meses de veinte días cada uno, haciendo 260 días un año. Así, unos vivimos en el d.C. cuando otros han vivido en el a.C.

¡Vaya perspectiva!

Aún en estas distintas concepciones el tiempo nos construye. Es a través de él que la vida tiene un comienzo y un final –para algunos la verdadera vida empieza después de la muerte y para otros más sólo reencarnamos– la dota de ciclos, etapas, momentos y secuelas a corto y largo plazo.

Si el concepto de tiempo nos construye en ¿qué nos convierte?

El sustantivo tiempo no es inocente, es una palabra a la que le hemos dado más propiedades de las que le “corresponden”. No es un sustantivo neutral que sólo se refiere a algo; define el principio y el fin de las cosas, lo que es pasado y lo que es presente; además tiene efectos sobre nosotros si actúa como “adjetivo” o como “verbo”.

Como adjetivo, el tiempo nos califica; nos hace viejos o jóvenes, también nos vuelve puntuales, irresponsables, inconformes, resignados y obsesivos. Además, es una manera de juzgar lo que hacemos señalando lo que es correcto y lo que es incorrecto –por ejemplo cuando algo sucede en el momento adecuado– dicta lo que es real porque es duradero y permanece, y lo que es banal porque es efímero.

Como verbo, nos pone en acción, ya que nos hace apresurar o retrasar decisiones a fin de cuidarlo –carpe diem– cuando tomamos conciencia de la vida y la muerte; nos hace comprar, ahorrar, asegurar, proyectar para proteger el futuro; cuando algo ocurre a destiempo nos hace detenernos y reflexionar; cuando sentimos que el tiempo se nos va, hacemos lo correcto estudiando, pagando, y a veces teniendo hijos.

El tiempo es tan relativo –¡el tiempo dirá!– como categórico –¡aquí y ahora!–; es tan cruel –¡se acabó tu tiempo!– como divertido –¡hay más tiempo que vida!– Pero ya sea como sustantivo, verbo o adjetivo, el tiempo nos configura a vivir en el momento adecuado con las tareas precisas y las acciones esperadas.

¡Ya ni decir del tiempo como adverbio! Pues entonces nos hará buscar inútilmente, soñar intensamente y tal vez amar desesperadamente.

¿Te has parado en la línea del meridiano de Greenwich jugando a estar en el pasado y en el presente o en el presente y el futuro, dependiendo de cómo lo quieras mirar?

@DoraAyora

REFERENCIA