Entrenan a jueces para aplicar una visión psicológica en su labor judicial

Publicado en yucatanalamano.com

Mérida, Yucatán .- En el Poder Judicial ofrecemos a los servidores judiciales herramientas y conocimiento especializado en materia de igualdad de género y de intervenciones psicológicas, para que puedan determinar, en su trabajo judicial, qué es lo mejor para la mujer, el hombre o los niños que estén involucrados en algún conflicto de índole familiar o penal, expresó el magistrado presidente del tribunal Superior de Justicia y del Consejo de la Judicatura del Poder Judicial del Estado, Marcos Alejandro Celis Quintal, al inaugurar este día el taller “La familia en transición de divorcio, aplicación de un enfoque de justicia terapéutica en auxilio a la toma de decisiones judiciales”.

Para que el juez pueda tomar las mejores decisiones jurisdiccionales, requiere un conocimiento más profundo y especializado, que permita restaurar la relación familiar, la salud mental y psicológica de cada uno de los integrantes de la familia, señaló el magistrado ante los juzgadores que participan en este curso realizado en coordinación con la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Yucatán, en el marco de un convenio de colaboración entra ambas instituciones.

De igual forma, añadió que este curso pone de relevancia la importancia de la llamada “justicia terapéutica”, que consiste en juzgar desde una perspectiva que permita  sanar lo que se haya roto a partir de un conflicto.

“Hoy ya no se puede juzgar nada más aplicando la ley, sino que también se necesitan herramientas de otras materias para tomar decisiones más justas, sustentadas y solventes, por eso hemos estado trabajando de la mano con la Universidad Autónoma de Yucatán, para ir aterrizando eventos académicos como el que el día de hoy iniciamos”.

Por su parte, la magistrada presidenta de la sala penal del tribunal Superior de Justicia Ligia Aurora Cortés Ortega, quien es también enlace de equidad de género ante la Comisión Nacional de Tribunales Superiores de Justicia de los Estados Unidos Mexicanos (Conatrib) y coordinadora del curso antes mencionado, agradeció a las autoridades del Poder Judicial y de la UADY por hacer posible éste evento ya que, dijo, la familia es el núcleo más importante de la sociedad y porque ayuda a los jueces a estar más capacitados y mejorar las resoluciones que demanda la sociedad para trabajar de acuerdo y conforme a derecho.

Al hacer uso de la palabra, la Dra. Ada Mendoza Alcocer directora de la Facultad de psicología de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) mencionó la importancia de darle seguimiento al convenio que firmó la UADY con el PJEY, para poder impartir una justicia con enfoque terapéutico y con perspectiva de género.

Resaltó que las docentes de la Facultad de Psicología de la UADY encargadas de impartir el taller son profesionales, estudiosas de la impartición de justicia con enfoque terapéutico, además de que sus proyectos de investigación han sido con este tipo de temáticas

Cabe mencionar que el taller suma un total de 20 horas dividas en 4 sesiones teórico- prácticas, a cargo de cinco especialistas de la Facultad de Psicología, el primer tema “Familia: sus etapas y ciclo vital” estuvo hoy a cargo de la Dra. Dora Ayora Talavera quien continuara el día de mañana martes 7 de junio.

La Mtra. Concepción Campo Marín impartirá el tema “Efectos en la familia en los procesos de separación y divorcio” el día martes 14 de junio, por su parte la Dra. Teresita Castillo León es la encargada de exponer el tema “Perspectiva de género en la aplicación de decisiones en torno a la familia” el día jueves 23 de junio y por último la Mtra. Faridé Peña Castillo tiene a su cargo el tema “Alineación parental y medidas de reparación con enfoque de justicia terapéutica” el día jueves 30 de junio.

Después de la inauguración, la Dra. Ayora Talavera inició la exposición de su tema “Familia: sus etapas y ciclo vital”. Dijo que la familia es un sistema organizado fundamental, pero no está aislada por el contrario la familia está inmersa en otros sistemas sociales, por lo que se debe ampliarse la percepción que tenemos sobre ésta.

La Dra. Dora Ayora Talavera impartiendo curso a Jueces y Magistrados
#JusticiaTerapéutica – La Directora de Quinientos25, Dora A. Ayora Talavera Ph.D durante el curso a Jueces y Magistrados en el Tribunal Superior de Justicia de Yucatán el lunes 6 de junio de 2016.

Respecto a la justicia terapéutica, explicó que es un concepto que favorece la participación de diversas disciplinas para enriquecer la manera de ejercer la justicia, para que los jueces consideren elementos psicológicos y emocionales y no sólo la ley.

La importancia de la justicia terapéutica coincide con el concepto de la humanidad, quiénes somos como seres humanos, no sólo es la toma decisiones desde la ley, sino que todo lo que digamos y  hagamos tiene que ver con nuestra condición de seres humanos, añadió.

Fuente: Yucatanalamano

De la moda… ¿lo que te acomoda?

Por Addy Góngora Basterra | @letranias
Publicado en el Diario de Yucatán.

Todo lo que consideramos real ha sido construido socialmente. O lo que es más radical, nada es real hasta que la gente se pone de acuerdo en que lo es.
—M. Gergen y K. Gergen

Hablando de Mesopotamia en mis clases de Historia del Arte proyecté la imagen de Gudea de Lagash, una de las esculturas que representan al Patesi que gobernó en la antigua Sumeria. Destaqué, entre otras cosas, el hecho de que el faldellín con el que está vestido tenga escritura cuneiforme, la escritura más antigua originada en la ciudad de Uruk, invento que marca el fin de la prehistoria y da comienzo a la Historia.

Comentando la pieza me detuve un momento e hice un “rewind” mental hasta una de las palabras que usé: “faldellín”. La prenda era el atuendo de la primera civilización de Mesopotamia, tanto de civiles como de poderosos. Y fue esta palabra el detonador que me hizo pensar en los acuerdos sociales que han definido e impuesto la vestimenta del género masculino a lo largo de la humanidad.

¿En qué momento los hombres dejaron de usar faldas? Ni los héroes troyanos ni el dios que inventaron los romanos usaban pantalones. Ni en Mesopotamia y Egipto, Grecia y Roma, oriente y occidente, patesis, faraones, dioses, reyes, patricios, emperadores, los guerreros de Xian, mayas y aztecas, caballeros, papas y califas. Ni el más vil de los tiranos ni el más débil de los esclavos. ¿En qué momento la construcción social impuso que los hombres dejaran de usar faldas restringiéndose al uso de pantalones? Quizá —y subrayó “quizá” pues no tengo la certeza— la respuesta histórica la hallemos en el Imperio Mongol, cuando tras domesticar a los caballos tuvieron que modificar su modo de vestir por razones prácticas; para una estampa más actual, recordemos a los jinetes de Marlboro enfundados en sus “vaqueros” de mezclilla cabalgando paisajes con la musiquita de “Los siete magníficos”.

En nuestra sociedad actual se sataniza que un niño quiera ponerse una falda. Tan cómodo que debe resultarle la ropa holgada. ¿Cuántos varones de Yucatán pasaron horas de infancia vestidos con hipilitos? Los niños no saben la connotación que nosotros mismos hemos construido alrededor de faldas y vestidos como elemento exclusivo de mujeres, todo porque nos han metido en la cabeza que no está bien que un varón se vista como mujer. ¿Usar falda corta no sería también vestirse como guerrero o emperador? Pensemos en los escoceses y el “Kilt”, característica prenda nacional, símbolo de identidad, legado de guerreros.

La vestimenta y sus códigos son algo que los seres humanos hemos construido, subrayando aspectos de género y “masculinidad”, como si por usar falda un hombre fuera menos hombre que otro. Las sociedades están hechas de tradiciones y costumbres. Por eso es tan difícil generar cambios, porque implica echar abajo un sistema compuesto por significados que se resisten a ser modificados, porque eso implicaría cambiar la vida y afectar intereses de unos cuantos.

¿Quiénes construyen la realidad de un país como México y cómo podemos contribuir a la construcción de una sociedad mejor? No me refiero a cambiar un modo de vestir, pero sí a modificar la forma de tratar a los demás e, incluso, presentarle a los niños de una manera distinta el mundo al que los hemos traído, el mundo que queremos compartir con ellos y que es tan distinto a ese en el que nosotros crecimos.

Si por algo disfruto la Historia es por lo que aprendo de ella más allá de datos, fechas y nombres. La Historia despliega un escenario para reflexionar sobre lo que somos hoy. Por eso me gusta dar clase, por las conversaciones que se generan en cada sesión, ideas en ebullición. También por eso, con total convicción, escribo que tenemos la posibilidad de generar nuevas realidades en nuestro entorno, como en su momento otras personas las tuvieron y le dieron un vuelco a lo establecido. Seguiremos usando pantalones y faldas, vestidos y shorts, pero tomando de nosotros mismos lo valioso para construir entre familia y amigos, colegas y conocidos una sociedad más humana y plena, sin estigmas ni discriminación.

Gudea de Lagash2120 a.C. Diorita. 46 cm de altura. Museo del Louvre.

Twitter: @letranias

¿Y a ti, qué te motiva?

Por Alicia Ayora Talavera
@aatalavera69

Ayer conversando con una persona salió el tema de la motivación y le hice referencia a un espectacular —el de la foto— que vi en algún lado de la ciudad mientras estaba en mi recorrido diario por las calles de la ciudad. No recordé dónde lo había visto hasta hoy por la mañana que volví a toparme con él y pensé en varias cosas.

  1. Era una idea genial para “motivar” a quien lo lea a pensar sobre ello y más aún a reflexionar sobre uno mismo, cosa que se olvida con frecuencia ante la carrera de la vida que vivimos. ¿Cómo soy, qué me gusta de la vida en general y de mí mismo? De igual manera, ¿qué no me gusta? ¿qué deseo, a quien quiero, por qué quiero, qué siento, por qué siento? Solemos vivir como autómatas sin tiempo de pensar en aquellas cosas que nos conectan con la vida porque le dedicamos el día a pensamientos sobre lo que nos exige una vida de trabajo y subsistencia.
  2. Lo más probable es que se trate de una campaña publicitaria para vendernos una cosa más de todas las que consumimos.
  3. Independientemente de ello, es una idea que dio vuelo a la hilacha a mi principal pasión: pensar.

Pensar en el sentido de la vida “no da de comer”, no produce, por lo tanto pareciera que no es útil. Me atrevo a decir que poco a poco, el dejar de fomentar o abandonar el hábito de pensar en éste tipo de cosas nos está dejando vacíos, desconectados y hasta desmotivados. Pero no todo está perdido. La vida es tan sabia que ha puesto de todo en la viña del señor; no hay dos personas iguales, ésta multiplicidad representa la gama de colores que la hacen intensa. A unos las circunstancias los obligan a pensar, a unos más a otros menos, a otros se les da  gratis —como a su servidora. Están los que se resisten, los que se dejan arrastrar, unos abren los ojos más que otros, algunos mejor los cierran y así. Por fortuna detrás de todos y cada uno de nosotros está el instinto de supervivencia y nada más y nada menos que el dolor. El dolor impulsa, nadie lo ve como un motivador (cruel pero lo es).

¡En cuántas cosas me hizo pensar aquel letrero!

Ahora responderé a la genial pregunta ¿Y a ti, qué te motiva?

Me motivan cosas diferentes en momentos diferentes pero hay una que me rescata de cualquier caída libre, la que me hace meter las manos, la que siempre me inspira: el amor. El amor a la vida misma, a la naturaleza, a las personas, a la creación, el amor al amor.

¿Y a ti?

Ecos de Eco

Nos hemos enterado, como todos, del fallecimiento de Umberto Eco. Quienes integramos Quinientos25 hemos estado de una u otra manera ligadas a su obra. Y esto es lo que pensamos al enterarnos de la noticia:

  • Alicia: “La isla del día de antes” es uno de mis libros favoritos, el primero que me llenó de nostalgia por algo que ni siquiera voy a vivir.
  • Dora: El fallecimiento de Umberto Eco me hizo ir a la biblioteca de mi casa a buscar el libro  “Kant y el Ornitorrinco” que hace mucho tiempo compré. No está… ¿en dónde lo guardé? No lo sé. Lo que sí es que encontré “El nombre de la rosa”, La isla del día de antes” y “Baudolino”. Creo que una manera de honrar su memoria será releyendo una de sus novelas.
  • Addy: Un domingo mi hermana Tere me vio triste, ella sabía bien por qué; para consolarme, me leyó en voz alta la frase del libro que tenía junto a su cama. Era “El nombre de la rosa”. Ella me dijo: Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus. Y agregó: “De la rosa nos queda únicamente el nombre…” Le dio tanto sentido a lo que me estaba pasando… fue el mejor consuelo que he podido tener.

Wolis t’an

Puro Cuento en Maya. Letranías.

En “Puro Cuento” cada sesión es diferente y los integrantes llevamos varias semanas esperando la de hoy: leeremos en maya y español poesía y cuento. Aquí una probadita de la autoría de Briceida Cuevas Cob:

Wolis t’an

Ch’eene’ ma’ utz tu t’an a pulik tunich ti’i.
Ka ch’amik u ch’eeneknakil.
Jumpulí ma’ utz tu t’ane’ báaxal beyo’.
Wa taak a báaxal tu yéetele’
woliskut a t’ane
ka jalk’esti’,
bin a wil bix ken u ka’ sutil ti’ teech.

¡Únete al próximo grupo de “Puro Cuento” y disfruta experiencias como la que tendremos hoy! Nos reunimos los jueves por la noche. Informes: addy@letranias.com o agencia525@gmail.com

Las redes sociales para Zygmunt Bauman

“Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa”.

Tomado de la entrevista con Ricardo de Querol publicada en El País.
Enero, 2016.

¡Celebración!

¡3, 2, 1 y llegamos a mil seguidores en Facebook!

Celebramos agradeciendo a todos los que nos leen, así como a quienes han visitado nuestra casa creativa participando en alguna o varias de las actividades que hemos diseñado para ustedes, invitándolos a vivir la experiencia de escuchar, expresar y transformar por un mundo, una vida, una humanidad mejor.

¡Gracias!

Quinientos25
Agencia de Relaciones Humanas


 

Imagen de cabecera: “Una celebración” de Fernando Botero.


Ser bolsa

Por Dora A. Ayora Talavera
@DoraAyora

Honestamente ser una bolsa podría ser cualquier cosa, pero ser la bolsa de Ella, es una experiencia maravillosa que te convierte en más que un objeto utilitario, te vuelves compañera, amiga, protectora de la intimidad. No solo ofreces espacio para llevar sus cosas, también le das calor, por lo menos en un costado la cobijas cuando hay frío y viento; le das seguridad, ya que en las noches en calles oscuras dejarte abrazar le brinda tranquilidad; y a veces la proteges, un par de bolsazos a algún tipo inoportuno ¡vaya que son eficaces!

Convertirte en la bolsa de Ella, es ganar identidad. Todo empezó aquella navidad, cuando al verme en la vitrina de la tienda quedó prendada de mí. La vi desde el cristal, sus ojos brillaron al mirarme. La textura de mi piel vacuna, suave, café la conquistó. Sin vacilar pago mi precio – y conste que estaba muy bien cotizada en libras – llevamos juntas seis años y solo me ha dejado descansar unos cuantos días. Le gusto, me gusta acompañarla. La verdad Ella me va muy bien.

Como buena bolsa inglesa, he sido muy bien educada con los más altos estándares de elegancia y distinción. Aprendí a guardar pertenencias, nunca sale de mí nada por voluntad. Lo que entra, ahí se queda; solo sale por mano de Ella y si llega a ser por mano ajena me siento molesta, invadida, ofendida ¡cómo alguien osa atreverse a entrar donde no debe!

Mi diseño es muy actual, mi exterior sencillo y elegante. El par de agarraderas abraza por completo todo el cuerpo, siendo el único adorno que poseo, su longitud es la medida perfecta para rodear toda la bolsa y que colgando del hombro llegue justo debajo de la cintura. Mis costuras son pequeñas y homogéneas lo que me da un toque de estilo. En mi interior, poseo un compartimiento lateral con cierre, donde guardo celosamente unas cartas de amor, un acta de nacimiento y una notita: “te espero en el café de siempre a las 12:00 IM” firma un garabatito con corazón.

En el otro costado poseo dos pequeñas bolsitas abiertas, que son muy prácticas. Una para su celular, en la otra acomoda cosas de las que requiere fácil acceso: delineador de labios, pintura, tarjetas de presentación propias y ajenas, incluso una bolsita con una medallita de la Virgen de Lourdes que le trajeron de Međugorje, en Bosnia y Herzegovina. Fue un regalo que le hizo una compañera como una manera de “hacer las paces” Ella aceptó la medalla-disculpa pues la sintió sincera y desde ese día la llevo en un costado.

La parte media es la más amplia, y la diversidad de productos que he llevado es casi increíble. Cargo de fijo un cepillo negro pequeño para el cabello – aunque aquí entre nos, no lo usa con frecuencia. Una cartera negra delgada que lleva en su interior tarjetas de crédito, débito, puntos de tiendas deportivas y supermercados diversos, identificaciones y vales, todo esto lo sé pues a veces la cartera va abierta o por las prisas Ella las tira dentro para luego ponerlas en su lugar.

También llevo un monedero de pajaritos, que en su interior lleva otro pequeño monedero de rosas, el pequeño atesora monedas de $10.00 la de pájaros todas las demás. Aunque las monedas también suelen estar regadas en mi interior, de vez en cuando al hacer limpieza las pone en su lugar. Hay en mi interior un juego de llaves con elefantito y a veces son introducidos dos o tres juegos de llaves distintos, aunque ya son viejos conocidos sé que vienen solo temporalmente.

Muy esporádicamente soy una especie de caja fuerte que resguarda algunas joyas o sobrecitos amarillos con dinero, cheques por cobrar y billetes en efectivo, que la verdad más tardan en ser puestos en mi interior que en ser sacados de nuevo para no volver.

Diariamente llevo una botellita de 600 ml rellena de agua, una manzana o una barrita, que antes del medio día ya salieron, solo dejan su sudor provocado por el contraste entre la temperatura del refrigerador, el ambiente y mi interior.

La costumbre ha hecho que me guste la menta, Ella suele dejar continuamente diversos tipos, ya sea en pastillas bicolores rojo y blanco, o en caramelos solo blancos, pero mis favoritas son las “Usher” con las que me entretengo, me gusta su olor y disfruto sus leyendas: “Prometer no empobrece, dar es el que aniquila” “Al que es dulce se lo comen las hormigas” “Se puede dormir en la misma cama sin tener el mismo sueño”.

 

Soy una bolsa un  poco traviesa me gusta esconderle a Ella las llaves del coche, el celular o el llavero del elefantito. En cuando siento que su mano hurga mi interior, voy moviendo de lugar el objeto buscado, ya cuando oigo bufidos de enojo decido dejar de jugar bromas y dejo a la vista el tesoro anhelado ¡cómo me divierte molestarla!

Esto de esconderle las cosas no es que sea venganza, pero a veces por accidente ha dejado que algunos residuos líquidos, polvos dulces o papeles diversos ensucien mi interior. El colmo ha sido la palomita de maíz que aquel día en el cine se coló a mi interior y que solo la descubrió 2 semanas después, o aquel rastrillo que guardó y que sacó a toda prisa cuando le lastimó un dedo, inolvidable los calcetines usados y el pañuelo de papel que por prisa cayeron en mi perturbando la paz interior.

Me gusta ser su bolsa, me gusta la sorpresa, el orden eventual frente al desorden cotidiano, subo y bajo de peso de acuerdo a las prisas. Alguien puede preguntarse quién es Ella, Ella soy yo, somos nosotras.

Pienso en mi vejez, cuando mis costuras empiecen a flaquear, cuando la belleza de mi textura pierda su brillo, cuando esté estirada y floja… en fin, al final sabré que la acompañé fielmente, que sobreviví a sus jornadas. Que cargué sin protestar sus accesorios y también sus descuidos. Cuando llegue el momento estaré preparada para entrar al cementerio de bolsas, ese rincón en el fondo del closet, donde el polvo, la ropa, las cosas en desuso ayudarán a que me quede en el olvido.

Riego por inundación

Por Dora Ayora Talavera @DoraAyora

Si me definiera como jardinera, tendría que decir que practico la jardinería ruda. Es decir, no soy de las que riegan sus florecitas y limpian con delicadeza las hojas de sus plantas. Yo diría que prefiero algo más activo; me gusta cortar ramas de árboles, hacer macetas grandes de palmas, podar enormes arbustos y árboles frutales.

De todas mis experiencias con la jardinería, hay algunas que marcaron mi vida y mis recuerdos. Hoy, mis ojos pueden entender la maravilla y belleza que mis ojos de niña veían como aventura y diversión.

Mis inicios se remontan a la edad de seis años haciendo germinar frijoles en un pedazo de algodón húmedo, trasplantarlos cuando ya han crecido lo suficiente para luego verlos morir. También exploré la posibilidad de hacer macetas de papel, arrollando serpentinas de colores, logrando círculos multicolores que después empujaba hacia abajo formando un cono que se convertía en mi maceta arcoiris. Ninguna flor sobrevivió. La explicación que yo me daba es que a las raíces les llegaba el aire que atravesaba el papel y eso las mataba.

Mi primer autoempleo a los doce años fue cortando jardines de mis vecinos. Algunas veces sólo con tijera —que por cierto era yo muy hábil en ese arte— otras, tenía la suerte de conseguir que alguien me prestara una máquina podadora. Obviamente era de esas que empujabas, no tenía ningún tipo de motor ni nada y dependía de qué tan afiladas estuvieran sus aspas para poder terminar mi trabajo pronto. ¡Aaah! El placer del olor de pasto recién cortado, ver cómo quedaba parejito con la máquina y con las tijeras dar forma lineal a todos los bordes. Gané mis buenas monedas con este oficio.

Para una niña de ciudad, venir a Yucatán de vacaciones fue alentar el espíritu explorador y de monte, contribuyendo a la fascinación con todo lo relacionado a la jardinería, agricultura y labores de la tierra en general.

Mi máxima intervención en jardinería ruda fue durante el huracán Isidoro. Después de percatarme de todos los destrozos que había causado, no sé dónde conseguí hacha, machete y una sierra eléctrica y fui por mi vecindario ayudando a cortar y desalojar los patios llenos de árboles caídos. Ramas enormes de aguacate, zapote y mamey pasaron por mi sierra. Acompañada por los propietarios y un primo, cortamos los troncos en pedazos manejables y cada familia se encargó de organizarlos y sacarlos a las puertas de sus casas para que se los llevaran. Quién podría imaginarse que Isidoro podría traer tanta alegría a mi espíritu jardinero.

Si eligiera las experiencias de jardinería más extraordinarias, serían las asociadas a los terrenos frutales de mi abuelo. Durante la cosecha de cítricos y otros frutos —ya sea con horqueta o subida a los árboles, honestamente preferí la segunda siempre— ayudé a bajar cientos de limones dulces, toronjas, naranjas agrias, limones, naranjas dulces, mandarinas, zapotes, zapotes negros, mameyes, zaramullos y guanábanas. Cada día de cosecha terminaba con las manos destrozadas y ampolladas, las uñas llenas de tierra, las piernas llenas de rasguños de las ramas y moretones por golpes nunca sentidos, con un cansancio físico que hacía interminable el camino de regreso a casa en triciclo.

Cómo olvidar aquella cosecha de aguacates, que por bajar los que estaban en la parte más alta del árbol, golpee con el hombro un panal de avispas que automáticamente me picoteraron todo el cuerpo dejándome adolorida, hinchada y llorosa. Lo increíble es que el árbol era tan alto y difícil de escalar que tardé buen rato en llegar a la copa, pero con los picoteos de las avispas ¡bajé en dos segundos! Literales. Al llegar a tierra, el único consuelo que tuve fueron los brazos de mi papá que me esperaban para consolarme de los picotazos recibidos y, también, los diez enormes aguacates que logre lanzar desde el aire a mi papá antes de importunar a las avispas.

Qué decir de la especial cosecha de nance, ¡qué fruto tan bonito! Qué oloroso, qué dulce y qué amargo si lo comes y no está maduro. Te amarra la lengua y todo el gusto. Lo maravilloso de cosechar nance es que puedes comer mientras trabajas, directo de la tierra lo tomas con tus dedos enrojecidos de can-cab —tierra roja— y lo metes a la boca para sentir ese sabor fuerte, dulce, todo placer.

El nance se cosecha en el suelo. El árbol, llegado el momento, tira todas sus hojas para preparar los alrededores con una alfombra verde y luego café que recibe a los frutos. Los cosechadores agachados vamos siempre en cuclillas escarbando la alfombra de hojas para encontrar los frutos perdidos, algunos un poco verdes aún, otros en su punto. Y así, uno a uno recogemos los nances que llenan los huacales de madera cubiertos en su interior con papel periódico para que los frutos no se salgan por las ranuras. Qué olor, qué placer, qué nostalgia alegre de recordar.

Y entre el ardor de los pies ampollados, las piernas rayadas y adoloridas; los brazos y las manos quemados por los ácidos de las hierbas que accidentalmente rosábamos con la piel, transcurrían nuestras jornadas en los terrenos. Pero el mayor festín solo lo viví una vez. Fue una especie de ceremonia de graduación o rito de iniciación que mi abuelo tuvo conmigo. Sólo una vez tuve el placer de ser invitada a presenciar el riego de la tierra.

Muy temprano por la mañana salimos en bicicleta, solos él y yo. Había mucha humedad y ese olor típico del pueblo mezcla de leña, humedad, árboles y paja. Pedaleamos hasta llegar al terreno a las afueras. Manejamos por el camino esquivando piedras, hojas húmedas de rocío hasta llegar al centro ceremonial. La primera tarea era limpiar todos los canales que, como una especie de venas ramificadas atravesaban todo el terreno, se encontraban cubiertos de hojas, ramas y piedras. Con un rastrillo limpiamos todos los conductos para dejarlos libres para que el agua pudiera correr libremente por ellos.

Después caminamos hasta el fondo del terreno donde se encontraban los canales de piedra. Mucho antes de llegar ya percibíamos el sonido del agua que corría por ellos. En el Canal —al que podía meterme y remojarme— el agua cubría casi todas mis piernas. Eran zanjas sólidas que en su interior llevaban miles de litros de agua fresca y cristalina. ¡Mi abuelo compró dos horas de riego! Justo al iniciar su tiempo, quitó una compuerta de piedra que cerraba la entrada hacia su terreno y la usó para bloquear el otro lado, logrando que el agua chocara y se derramara hacia el interior de sus tierras.

¡Qué gran chorro de agua! Durante dos horas un río imparable de agua escurrió e inundó los canales de tierra y  todos los árboles. Yo entre mi sorpresa, alegría y nerviosismo, iba de un canal a otro, quitando piedras, brincando de gozo junto al chorro. Rodeaba los árboles corriendo, viéndolos mover sus ramas y hojas, contentos y agradecidos por el agua. Formamos una hermandad de árboles y niña.

Mi abuelo desapareció por algún lado en el terreno, no sé si intencionalmente o sólo como parte de su trabajo. Yo me apropié de la tierra, del agua, de toda la humedad y la vida que ahí se respiraba y se absorbía con los pies. Perdí mis tenis en algún canal, y así descalza, terminé la jornada de dos horas que me parecieron años. Verdaderamente el terreno se inundó, era increíble cómo toda el agua se distribuyó por las hectáreas de tierra regando vida por todos lados. Yo brincaba como una especie de grillo de un lado a otro del terreno visitando árboles y asegurándome que recibieran su buena dosis de agua.

Así terminó mi jornada: cansada, enlodada, piernas y manos chuchules, pero toda yo llena de una alegría indescriptible. Al regresar a casa de mis abuelos no comí, el resto de la tarde fui como un zombi que solo sonreía. Estuve casi hasta el anochecer subida en un pequeño árbol de mandarinas, mirando otros árboles, oyendo a las gallinas, disfrutando de la gran aventura que mi abuelo me regaló.

3er Concurso de Dramaturgia Express

El Globo Arte y Cultura, A.C. invita, a los creadores del estado de Yucatán, a participar en la convocatoria  3er. CONCURSO DE DRAMATURGIA EXPRESS que se efectuará el día sábado 21 de noviembre de 2015, en las instalaciones de Quinientos25 Agencia de Relaciones Humanas (calle 35 número 525 por 48-B y 2, Col. Nuevo Yucatán) las 10:00 horas.

El objetivo de esta convocatoria es promover la creación dramatúrgica en beneficio de la producción artística literaria de la ciudad de Mérida y del estado de Yucatán.

La dinámica

  • Escribir una obra de teatro en tres horas.
  • Los lineamientos que se darán a conocer el mismo día del evento: tema, anécdota, extensión, etc.

Las bases

  • Sin límite de edad.
  • Contar con un ordenador portátil o libreta (el creativo es libre de escoger).
  •   No se aceptarán trabajos previamente escritos o que sean copia de algún trabajo anterior. Tienen que ser escritos en el mismo momento.
  • El cupo es limitado a 15 participantes.

Las inscripciones

  • Podrán inscribirse a partir de la publicación de la presente convocatoria hasta el día martes 17 de noviembre de 2015 antes de las 00:00horas.
  • Será únicamente por vía email a la dirección electrónica el-globo@hotmail.com o por inbox de facebook a la direcciónwww.facebook.com/teatroelglobo
  • Al recibir la confirmación de inscripción se indicará los siguientes pasos para presentarse el día del concurso.

Los resultados

  • Se reconocerán los tres textos más destacados según los criterios que establezcan el jurado dictaminador, que estará integrado por reconocidos escritores con amplia trayectoria en el medio teatral del estado de Yucatán.
  • La premiación será el día sábado 28 de noviembre de 2015 a las 11:00 horas en la Unidad Editorial de la SEGEY (calle 62 número 391 por 45 y 47 del Centro).
  • A todos los concursantes se les entregará una constancia de participación.
  • La decisión del jurado será inapelable.

Las premiaciones

Los autores de los tres textos ganadores obtendrán:

  • Reconocimiento
  • Set de libros patrocinados por: Editorial Dante, Unidad Editorial de la SEGEY y Fondo Editorial del Ayuntamiento de Mérida
  • Una beca completa para asistir a alguno de los cursos de creación literaria y gestión editorial que realiza Pequeña Flor de Loto (despacho de gestión editorial y marketing) a impartirse durante el 2016.
  • Asistir como invitado al Programa de radio Hacia la creación literariaconducido por la maestra Patricia Garfias.
  • El primer lugar obtendrá un premio especial de $1,000.00.