TESTIMONIO DEL TALLER DE ESCRITURA TERAPÉUTICA. Chely Lugo Carbonel

7a Generación

El taller fue una experiencia increíble, el poder descubrir tus talentos en la escritura y conocerte más sobre tus emociones pero, en particular a mi me ayudó en comprender como la infancia que viví me hizo una persona fuerte de sobre llevar cualquier obstáculo. Tengo mucha satisfacción de haber dado este tiempo en el taller que fue muy enriquecedor a mi persona, descubrir que a pesar del dolor se puede ser feliz, que hay que aprender en la vida a disfrutarla y discernir lo que uno quiere. Te doy las gracias Alice por toda tu sabiduría.

TESTIMONIO DEL TALLER DE ESCRITURA TERAPÉUTICA. Paty Hoil

6a Generación

El taller de escritura terapéutica me regaló  momentos para poder expresarme, días de reflexión, me ayudó a armar un pequeño rompecabezas que era  mi propio conocimiento. Lo más significativo: me enseñó  a poner palabras a eso que me acompaña todos los días… me enseñó a ponerle letras, palabras y frases a la vida… Gracias Alicia

 

TESTIMONIO DEL TALLER DE ESCRITURA TERAPÉUTICA. Josefina Rivas

3a Generación

Definitivamente la participación en el taller de escritura terapéutica es una maravillosa experiencia.

Me permitió la libertad de expresar mis pensamientos y sentimientos, teniendo además la oportunidad -al hacerlo por escrito- de volver a verlos y reflexionar sobre ellos desde diferentes perspectivas.

Me ayudó a perder el miedo a decir, o más bien a escribir, sobre cualquier tema; sin prejuicios, impulsada por la magnífica dirección de Alicia, quien en todo momento nos animó a soltar la mano y conectarnos con la pluma y el papel.

Un taller muy recomendable para asumir nuevos retos.

 

TESTIMONIO DEL TALLER DE ESCRITURA TERAPÉUTICA. Sara London

6a y 7a generación
Es una taller sumamente valioso ya que hace un extenso recorrido por las emociones y lleva a conectar éstas a través de la expresión escrita, lo que resulta sumamente valioso.
Al quedar el testimonio por escrito, nos da la oportunidad de reeler nuestras propias reflexiones independientemente  si uno desea compartirlas con los demás participantes.
Alicia es una gran guía, permite que todas las voces se escuchen y les da su valor y crédito.
Participé en dos ocasiones de tanto que me agradó, en la
segunda ocasión me fue posible profundizar aún más. Un excelente taller.
Lo recomiendo a todos.

TESTIMONIO DEL TALLER DE ESCRITURA TERAPÉUTICA. Freddy Duarte Aranda

Freddy Duarte Aranda

7a. Generación

No obstante haberme inscrito al Taller de Escritura Terapéutica, pensando que era un Taller de Escritura Creativa, hago constar que viví una enriquecedora experiencia al participar en el Taller.

Me ayudó a escribir sobre temas íntimos que se mantenían agazapados en mi subconciente y que no hubiese abordado de otra manera.
Al compartir con mi esposa los temas escritos, sentí que me quitaba un peso de encima.
Fue como que, sin querer queriendo, pudiera pedir perdón por aquellas agresiones subliminales que les hacemos a las personas que más amamos, de las que nos arrepentimos, pero que sin darnos cuenta volvemos a repetir.
En resumidas cuentas, el Taller me hizo reflexionar sobre la necesidad de acercarnos y abrirnos más con nuestra familia.
No solo pensar que los amamos, sino decírselos y hacérselos sentir.

TESTIMONIOS DEL TALLER DE ESCRITURA TERAPÉUTICA

Ahiza Espadas Cabrera

5a. Generación

Cuando comencé a escuchar las historias de cada una y nos guiabas para empezar escribir, se fueron destrabando partes dolorosas y alegres también, que ya no recordaba. A través de las otras mujeres, pude escucharme a mi misma y las palabras fueron surgiendo. En mi cabeza las ideas comenzaron a tomar forma, muchas veces lloraba, me lamentaba, pero no lograba desprenderme de lo que no me dejaba avanzar, tenía muchos miedos, sobre todo al iniciar una nueva relación. Pero al escribir, pude mirar mi propia historia, es como cuando cambias de casa, sacas lo viejo y comienzas a decorar nuevamente, pero algunas cosas son las mismas, solo es cuestión de pintar, cambiar de lugar, darle color u otro sentido a lo que ya tenemos. Cambiar la visión, enfocar hacia lo positivo, si me explico? Esta soy yo, con defectos y virtudes, que estoy dispuesta a cambiar, a sanar, para seguir, para amar, para compartir. Es como resetear y actualizar la memoria. Pero con nueva luz. Leer, escribir, realmente transforma el alma. Logré sanar muchas culpas y continuar. Estoy infinitamente agradecida de haber tenido la oportunidad de crecer emocionalmente, de conocerme al interior, reconocerme.

LA CULPA

Partiendo de que la curiosidad o necesidad de saber y experimentar, son cualidades innatas en el ser humano, habría de considerarse que inevitablemente “el error” está implícito en ellas; y su tradicional producto “el sentimiento de culpa” pudiera usarse simplemente como un detonante en la consciencia para corregir lo corregible y hacer las cosas de diferente manera, en lugar de convertirse en un golpeteo al amor propio frente a cualquier acto que no resulte lo esperado. Es un error considerar al error como algo que amerite castigo moral, físico o emocional.

Todos saben cuándo mienten pero no cuando se equivocan, uno se da cuenta del error después. Los errores nunca son intencionales, no hay plena consciencia de lo que se hace, y mientras no la haya, no es posible asumir la responsabilidad  de lo hecho. Desde lo más pequeño como derramar un vaso de agua, hasta golpear a alguien convencido que así se educa. Actuar deliberadamente (con reflexión previa) aun sin alcanzar a dimensionar todas las consecuencias, no es error,  es un acto irresponsable, con alevosía y ventaja.

Así que  cometer errores es un derecho porque de esa manera se aprende. Pero ¿Cómo se quita la culpa de encima si permanece aún de haber reflexionado y hecho consciencia?

Actuando.

Actuando dentro de las propias posibilidades y hasta donde la dignidad permanezca intacta frente a quien se erró. Si es frente a uno mismo, urge auto compadecerse, para ello hay que dejar de juzgarse. Se suele ser el juez más duro con uno mismo.

La culpa se aprende. El castigo la impone y reafirma. Enseñar a un niño a sentirse culpable no garantiza que sea un adulto responsable, pero si una persona que viva con culpa continua.

¿PREPARARSE PARA LA RUPTURA?

¿Tendríamos que pensar en algo tan fatal como la ruptura cuando apenas estamos construyendo una relación de pareja?

En cierto grado uno sabe que esa posibilidad existe y es tan probable -valga la redundancia- como que sea una relación duradera, quizá una de esas que dure por siempre, o una que dure lo que dure pero que haya valido la pena. Siempre se inicia con entusiasmo dando lo mejor de si.

¿Dar lo mejor de sí?

Prepararse para la ruptura no es hacer planes por si acaso, vivir con el temor y tomar medidas precautorias. Prepararse para la ruptura es no renunciar a las cosas que llenan la vida como la familia, los amigos, el trabajo, sueños, independencia, la libertad de elegir, de decidir cosas para sí mismo.

La renuncia es un acto voluntario, sólo depende de uno y está ligado al placer o bienestar propio, como renunciar a la soltería para casarse o comprometerse. También podemos renunciar en contra de nuestra voluntad o por conveniencia, como elegir no estar con alguien que amamos por salud mental o emocional. Los compromisos tradicionales de pareja, están encabezados por la renuncia a la intimidad con otras personas ¿se trata de una renuncia voluntaria o condicionada? ¿Uno elije ésto independientemente de que el otro lo haga? ¿De verdad es voluntario?

Dar lo mejor o todo de sí, parece que es renunciar en algún grado a la libertad de ser.

Algunos ejemplos:

  • La independencia (ahora todo lo haremos juntos).
  • Los sueños (viajar solo por el mundo, trabajar, estudiar).
  • Aspiraciones (no depender económicamente de mi pareja).
  • Amistades (ya no voy a la boda de mi mejor amigo porque a mi pareja le cae gordo y es motivo de pleito si voy sol@)
  • Privacidad (tiene el derecho de saber absolutamente todo lo que hago, pienso y digo, así que puede revisar mi teléfono, mis conversaciones del Facebook, mi correo electrónico).

¿Hay que rendir a la pareja, cuentas sobre cómo, cuándo, dónde y porqué de lo que uno hace, más que por la necesidad de controlar (que el otro haga lo mismo) que por el deseo de informar?.

¿Para qué se hace o deja de hacer cada cosa con y por la pareja?

¿Cómo se puede dar lo mejor de uno mismo, si se renuncia a todo lo que se es?

¿Cómo poder ser sostén, refugio, soporte, apoyo del otro si se renuncia a todo lo que se es?

¿En qué condiciones puede acabar una persona que ha entregado todo de sí (mejor dicho “renunciado”) en el caso de una RUPTURA por cualquier circunstancia?

¿Qué se quiere ser para el otro? ¿Lo que se desea que el otro sea con uno? ¿alguien que reprime su voluntad pensando que eso es amar de verdad?  o alguien del que la pareja pueda recibir sostén, refugio, apoyo, una persona entera, viva, segura, independiente.

¿Se quiere ser pareja o atadura?