Más allá de las Adicciones

Cuando buscamos ayuda es porque hemos intentado todo lo que está en nuestras manos, en nuestro entendimiento o sentido de las cosas, sin lograr el resultado que se desea. En algún sentido estas cosas que se intentan forman parte de un diálogo consigo mismo, una auto indagación. Ambas cosas dentro de los límites de lo que conocemos, dentro del límite de nuestro propio lenguaje. Sin embargo ¿que tanto podemos movernos de lugar, cuando los diálogos que podemos tener no nos permiten encontrar una salida y sólo se convierte en una diálogo circular?

Las conversaciones dialógicas, por llamarlas de alguna manera, nos ofrecen nuevos significados; sólo eso, significados; algunas cosas toman sentido en el lenguaje y parece ser que la mayoría en la vida cotidiana. No es lo mismo sentarme y escuchar lo que debo hacer —por lo general el deber hacer parte de ideas preconcebidas sobre lo bueno o malo, correcto o incorrecto, normal o anormal— que participar en la conversación y construir o crear con el otro mis propias concepciones de las cosas. Por eso creo en la importancia de las conversaciones.

¿Qué implica para mi y para ti una conversación que permita movernos de lugar?

El lugar desde donde tipos de programas o tratamientos para las adicciones que aún prevalecen miran a la persona que acude por ayuda, me lleva a pensar en el mito del conocimiento y todo lo que ha implicado socialmente en la concepción del déficit. Creo que la idea de decirle al cliente que es mejor que escuche y no opine, permea en todos  los ámbitos, desde la escuela, los gobiernos, las instituciones (desde la familia hasta la religión) como si el conocimiento fuera todo aquello que ya está escrito. Nos han hecho creer que siempre  hay alguien superior con el poder del conocimiento para sanar, instruir, dirigir, supervisar, enseñar, educar. Ser educados  bajo ésta idea ¿acaso permite a las personas pensar por cuenta propia, fortalecer sus propios recursos, así como poder tener una idea más firme de su sentido del yo?

 Pienso en todos los discursos que nos rodean, a los que nos aferramos sin cuestionar, por la sencilla razón de que hemos sido educados para ello, para no pensar por cuenta propia. Discursos que  pueden coincidir o no con la realidad individual, unos que pesan más sobre otros como el discurso médico o el religioso y que pasan a formar parte del discurso social, en los cuales las posibilidades que existen parten de dos lugares: de lo bueno/malo o de lo sano/insano. Pero hay un discurso más grande que abraza a estos dos y es el discurso del déficit. ¿De donde se origina la dificultad de los individuos para poder escuchar su propio discurso? ¿Que tanto el poder construir un discurso propio me permite tener más claro un margen de acción, y estar más consciente de que tengo la posibilidad de moverme hacia donde tenga que ir? Me refiero con esto a la libertad de elección y a la consciencia de la responsabilidad individual que esto conlleva.

En lo personal una pregunta que suelo ofrecer es: si tuvieras la oportunidad de elegir lo más libremente posible… ¿qué es lo que tú deseas? Para mi responder esta pregunta es descubrir un halo de luz en una ranura o entre abrir una puerta y poder mirar algo desconocido y posible.

Que tanto algunos modelos de tratamiento que se ofrecen están diseñados de tal forma que no contribuyen al auto reconocimiento de las habilidades personales si no que nos vuelven a enmarcar en un sistema o  discurso que devora nuestra capacidad de discernimiento, capacidad de elección. Es como un círculo vicioso, precisamente por que desde donde parte su marco de trabajo no hay lugar para la conversación o para el diálogo. No hay lugar para la voz del “desorientado, del enfermo” quien si no ha sabido elegir el camino correcto tampoco puede saber que es lo que debe hacer. Y el experto entonces es quien sabe lo que esta bien y mal, y quien determina lo que se debe hacer para regresar al buen camino; también el profesional en estos casos define que es el bienestar. ¿Qué tan frecuente se enfoca un proceso de recuperación en remarcar, medir y buscar el origen de lo que se sale de lo normal o correcto y se deja de mirar los recursos y habilidades personales, la libertad de elección, el momento presente, sus circunstancias y relaciones de los individuos?

Como “profesional”, hacer preguntas que no estén planteadas para recibir respuestas determinadas, si no pensadas a partir del deseo de conocer y entender, me permite que fluyan las conversaciones hacia un lugar donde la persona pueda ir construyendo su propio camino de resolución.

Escrito por Alicia Ayora Talavera

Imágen de National Geographic

Publicado por

Quinientos25

Dirigido por Dora A. Ayora Talavera, Quinientos25 es una Agencia de Relaciones Humanas que a través arte, literatura, psicoterapia y prácticas colaborativas promueve el desarrollo de vínculos positivos que favorezcan nuestras vidas. Trabajamos con organizaciones privadas y gubernamentales, empresas, escuelas, familias, profesionistas y público en general ofreciendo cursos, talleres, psicoterapia, acciones y espacios creativos que promueven el diálogo colaborativo.

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