De la moda… ¿lo que te acomoda?

Por Addy Góngora Basterra | @letranias
Publicado en el Diario de Yucatán.

Todo lo que consideramos real ha sido construido socialmente. O lo que es más radical, nada es real hasta que la gente se pone de acuerdo en que lo es.
—M. Gergen y K. Gergen

Hablando de Mesopotamia en mis clases de Historia del Arte proyecté la imagen de Gudea de Lagash, una de las esculturas que representan al Patesi que gobernó en la antigua Sumeria. Destaqué, entre otras cosas, el hecho de que el faldellín con el que está vestido tenga escritura cuneiforme, la escritura más antigua originada en la ciudad de Uruk, invento que marca el fin de la prehistoria y da comienzo a la Historia.

Comentando la pieza me detuve un momento e hice un “rewind” mental hasta una de las palabras que usé: “faldellín”. La prenda era el atuendo de la primera civilización de Mesopotamia, tanto de civiles como de poderosos. Y fue esta palabra el detonador que me hizo pensar en los acuerdos sociales que han definido e impuesto la vestimenta del género masculino a lo largo de la humanidad.

¿En qué momento los hombres dejaron de usar faldas? Ni los héroes troyanos ni el dios que inventaron los romanos usaban pantalones. Ni en Mesopotamia y Egipto, Grecia y Roma, oriente y occidente, patesis, faraones, dioses, reyes, patricios, emperadores, los guerreros de Xian, mayas y aztecas, caballeros, papas y califas. Ni el más vil de los tiranos ni el más débil de los esclavos. ¿En qué momento la construcción social impuso que los hombres dejaran de usar faldas restringiéndose al uso de pantalones? Quizá —y subrayó “quizá” pues no tengo la certeza— la respuesta histórica la hallemos en el Imperio Mongol, cuando tras domesticar a los caballos tuvieron que modificar su modo de vestir por razones prácticas; para una estampa más actual, recordemos a los jinetes de Marlboro enfundados en sus “vaqueros” de mezclilla cabalgando paisajes con la musiquita de “Los siete magníficos”.

En nuestra sociedad actual se sataniza que un niño quiera ponerse una falda. Tan cómodo que debe resultarle la ropa holgada. ¿Cuántos varones de Yucatán pasaron horas de infancia vestidos con hipilitos? Los niños no saben la connotación que nosotros mismos hemos construido alrededor de faldas y vestidos como elemento exclusivo de mujeres, todo porque nos han metido en la cabeza que no está bien que un varón se vista como mujer. ¿Usar falda corta no sería también vestirse como guerrero o emperador? Pensemos en los escoceses y el “Kilt”, característica prenda nacional, símbolo de identidad, legado de guerreros.

La vestimenta y sus códigos son algo que los seres humanos hemos construido, subrayando aspectos de género y “masculinidad”, como si por usar falda un hombre fuera menos hombre que otro. Las sociedades están hechas de tradiciones y costumbres. Por eso es tan difícil generar cambios, porque implica echar abajo un sistema compuesto por significados que se resisten a ser modificados, porque eso implicaría cambiar la vida y afectar intereses de unos cuantos.

¿Quiénes construyen la realidad de un país como México y cómo podemos contribuir a la construcción de una sociedad mejor? No me refiero a cambiar un modo de vestir, pero sí a modificar la forma de tratar a los demás e, incluso, presentarle a los niños de una manera distinta el mundo al que los hemos traído, el mundo que queremos compartir con ellos y que es tan distinto a ese en el que nosotros crecimos.

Si por algo disfruto la Historia es por lo que aprendo de ella más allá de datos, fechas y nombres. La Historia despliega un escenario para reflexionar sobre lo que somos hoy. Por eso me gusta dar clase, por las conversaciones que se generan en cada sesión, ideas en ebullición. También por eso, con total convicción, escribo que tenemos la posibilidad de generar nuevas realidades en nuestro entorno, como en su momento otras personas las tuvieron y le dieron un vuelco a lo establecido. Seguiremos usando pantalones y faldas, vestidos y shorts, pero tomando de nosotros mismos lo valioso para construir entre familia y amigos, colegas y conocidos una sociedad más humana y plena, sin estigmas ni discriminación.

Gudea de Lagash2120 a.C. Diorita. 46 cm de altura. Museo del Louvre.

Twitter: @letranias

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