Ser bolsa

Por Dora A. Ayora Talavera
@DoraAyora

Honestamente ser una bolsa podría ser cualquier cosa, pero ser la bolsa de Ella, es una experiencia maravillosa que te convierte en más que un objeto utilitario, te vuelves compañera, amiga, protectora de la intimidad. No solo ofreces espacio para llevar sus cosas, también le das calor, por lo menos en un costado la cobijas cuando hay frío y viento; le das seguridad, ya que en las noches en calles oscuras dejarte abrazar le brinda tranquilidad; y a veces la proteges, un par de bolsazos a algún tipo inoportuno ¡vaya que son eficaces!

Convertirte en la bolsa de Ella, es ganar identidad. Todo empezó aquella navidad, cuando al verme en la vitrina de la tienda quedó prendada de mí. La vi desde el cristal, sus ojos brillaron al mirarme. La textura de mi piel vacuna, suave, café la conquistó. Sin vacilar pago mi precio – y conste que estaba muy bien cotizada en libras – llevamos juntas seis años y solo me ha dejado descansar unos cuantos días. Le gusto, me gusta acompañarla. La verdad Ella me va muy bien.

Como buena bolsa inglesa, he sido muy bien educada con los más altos estándares de elegancia y distinción. Aprendí a guardar pertenencias, nunca sale de mí nada por voluntad. Lo que entra, ahí se queda; solo sale por mano de Ella y si llega a ser por mano ajena me siento molesta, invadida, ofendida ¡cómo alguien osa atreverse a entrar donde no debe!

Mi diseño es muy actual, mi exterior sencillo y elegante. El par de agarraderas abraza por completo todo el cuerpo, siendo el único adorno que poseo, su longitud es la medida perfecta para rodear toda la bolsa y que colgando del hombro llegue justo debajo de la cintura. Mis costuras son pequeñas y homogéneas lo que me da un toque de estilo. En mi interior, poseo un compartimiento lateral con cierre, donde guardo celosamente unas cartas de amor, un acta de nacimiento y una notita: “te espero en el café de siempre a las 12:00 IM” firma un garabatito con corazón.

En el otro costado poseo dos pequeñas bolsitas abiertas, que son muy prácticas. Una para su celular, en la otra acomoda cosas de las que requiere fácil acceso: delineador de labios, pintura, tarjetas de presentación propias y ajenas, incluso una bolsita con una medallita de la Virgen de Lourdes que le trajeron de Međugorje, en Bosnia y Herzegovina. Fue un regalo que le hizo una compañera como una manera de “hacer las paces” Ella aceptó la medalla-disculpa pues la sintió sincera y desde ese día la llevo en un costado.

La parte media es la más amplia, y la diversidad de productos que he llevado es casi increíble. Cargo de fijo un cepillo negro pequeño para el cabello – aunque aquí entre nos, no lo usa con frecuencia. Una cartera negra delgada que lleva en su interior tarjetas de crédito, débito, puntos de tiendas deportivas y supermercados diversos, identificaciones y vales, todo esto lo sé pues a veces la cartera va abierta o por las prisas Ella las tira dentro para luego ponerlas en su lugar.

También llevo un monedero de pajaritos, que en su interior lleva otro pequeño monedero de rosas, el pequeño atesora monedas de $10.00 la de pájaros todas las demás. Aunque las monedas también suelen estar regadas en mi interior, de vez en cuando al hacer limpieza las pone en su lugar. Hay en mi interior un juego de llaves con elefantito y a veces son introducidos dos o tres juegos de llaves distintos, aunque ya son viejos conocidos sé que vienen solo temporalmente.

Muy esporádicamente soy una especie de caja fuerte que resguarda algunas joyas o sobrecitos amarillos con dinero, cheques por cobrar y billetes en efectivo, que la verdad más tardan en ser puestos en mi interior que en ser sacados de nuevo para no volver.

Diariamente llevo una botellita de 600 ml rellena de agua, una manzana o una barrita, que antes del medio día ya salieron, solo dejan su sudor provocado por el contraste entre la temperatura del refrigerador, el ambiente y mi interior.

La costumbre ha hecho que me guste la menta, Ella suele dejar continuamente diversos tipos, ya sea en pastillas bicolores rojo y blanco, o en caramelos solo blancos, pero mis favoritas son las “Usher” con las que me entretengo, me gusta su olor y disfruto sus leyendas: “Prometer no empobrece, dar es el que aniquila” “Al que es dulce se lo comen las hormigas” “Se puede dormir en la misma cama sin tener el mismo sueño”.

 

Soy una bolsa un  poco traviesa me gusta esconderle a Ella las llaves del coche, el celular o el llavero del elefantito. En cuando siento que su mano hurga mi interior, voy moviendo de lugar el objeto buscado, ya cuando oigo bufidos de enojo decido dejar de jugar bromas y dejo a la vista el tesoro anhelado ¡cómo me divierte molestarla!

Esto de esconderle las cosas no es que sea venganza, pero a veces por accidente ha dejado que algunos residuos líquidos, polvos dulces o papeles diversos ensucien mi interior. El colmo ha sido la palomita de maíz que aquel día en el cine se coló a mi interior y que solo la descubrió 2 semanas después, o aquel rastrillo que guardó y que sacó a toda prisa cuando le lastimó un dedo, inolvidable los calcetines usados y el pañuelo de papel que por prisa cayeron en mi perturbando la paz interior.

Me gusta ser su bolsa, me gusta la sorpresa, el orden eventual frente al desorden cotidiano, subo y bajo de peso de acuerdo a las prisas. Alguien puede preguntarse quién es Ella, Ella soy yo, somos nosotras.

Pienso en mi vejez, cuando mis costuras empiecen a flaquear, cuando la belleza de mi textura pierda su brillo, cuando esté estirada y floja… en fin, al final sabré que la acompañé fielmente, que sobreviví a sus jornadas. Que cargué sin protestar sus accesorios y también sus descuidos. Cuando llegue el momento estaré preparada para entrar al cementerio de bolsas, ese rincón en el fondo del closet, donde el polvo, la ropa, las cosas en desuso ayudarán a que me quede en el olvido.

Publicado por

Quinientos25

Dirigido por Dora A. Ayora Talavera, Quinientos25 es una Agencia de Relaciones Humanas que a través arte, literatura, psicoterapia y prácticas colaborativas promueve el desarrollo de vínculos positivos que favorezcan nuestras vidas. Trabajamos con organizaciones privadas y gubernamentales, empresas, escuelas, familias, profesionistas y público en general ofreciendo cursos, talleres, psicoterapia, acciones y espacios creativos que promueven el diálogo colaborativo.

2 respuestas a “Ser bolsa

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