Rojo burdeos

Por Dora Ayora Talavera @DoraAyora

Era un Tsuru rojo burdeos, como del 2009, a primera vista el exterior se veía bastante bien conservado. En una segunda vista, era notorio el desgaste de los interiores, techo un poco raído y no daba la impresión de estar muy limpio. Era conducido por un caballero de unos setenta y algo de años, muy delgado, camisa azul, pelo cano, piel bronceada.

Te preguntarás qué llamó mi atención de este carro, que no goza de ningún atractivo particular y del cual, pese a la intrepidez con que era conducido, hice todo lo posible por mantener a la vista. Desde que se me acercó, no quise perder detalle de lo que ahí acontecía.

2:05 pm, parada en un semáforo, se detiene este espécimen maravilloso para hacer su alto medio carro delante y a la derecha de mí, de tal manera que podía ver con toda claridad, los movimientos del conductor solo con girar mi cabeza levemente. Noté que Don Fulgencio, así lo voy a llamar, masticaba rápidamente y con movimientos agitados “preparaba cosas”, traté de acercarme un poco más para ver en detalle de qué se trataba, pero el carro que tenía delante mío me lo impidió.

Al arrancar los carros hice todo lo posible por mantenerme a su lado, iba rápido, parecía tener prisa, llevaba las luces intermitentes prendidas. Estaba tan alerta de los movimientos en el interior que me sentí parte de esa intimidad automovilística. Como si fuéramos grandes conocidos, Don Fulgencio me miró levemente de reojo, dada la confianza ni se inmutó, pero ese gesto de complicidad reconfirmo mis ideas, estaba almorzando.

No tiene nada de particular que la gente coma dentro de sus carros, yo misma en algunas ocasiones he llevado un sándwich, que en los días de mucha prisa resultan ser el almuerzo perfecto. Los he acompañado de unas papitas, té helado, agua o una coca light. La gente come bocadillos, panes dulces, galletas, toma café, jugos naturales, entre muchas otras cosas.

El tercer semáforo se alió conmigo, permitiendo que nuestros automóviles rojos – uno quemado otro burdeos –  se alinearan ventana con ventana y es ahí donde reside la maravilla que presencié y que de sorpresa me dejó boquiabierta y con los ojos desorbitados.

Ahí estaba el Tsuru rojo burdeos, por fin a mi lado,  ahora claramente convertido en el comedor donde Don Fulgencio, que desafiando las leyes de la física, las leyes de la relatividad incluso las de la física cuántica, saboreaba a cucharadas en un plato enorme, hondo, de plástico beige ¡un delicioso puchero! Muy hábilmente sostenía con los dedos anular, medio, índice y pulgar de la mano izquierda el plato y con el meñique ligeramente tocaba la guía del carro. Con la mano derecha, hábilmente cuchareaba, metía velocidades y guiaba el automóvil.

La verdad, no sé qué es lo que me tiene más maravillada: la habilidad para conducir de esa manera, la increíble idea de comer puchero a cucharadas mientras maneja, o el eructo de placer que despidió después de terminar su guiso y de beberse de un solo trago una coca cola bien helada.

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Quinientos25

Dirigido por Dora A. Ayora Talavera, Quinientos25 es una Agencia de Relaciones Humanas que a través arte, literatura, psicoterapia y prácticas colaborativas promueve el desarrollo de vínculos positivos que favorezcan nuestras vidas. Trabajamos con organizaciones privadas y gubernamentales, empresas, escuelas, familias, profesionistas y público en general ofreciendo cursos, talleres, psicoterapia, acciones y espacios creativos que promueven el diálogo colaborativo.

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