Es la edad

Por Dora A. Ayora Talavera @DoraAyora

Cuando era chica ir al “Salón de Belleza” era una actividad poco frecuente, mi madre nunca se hacía arreglos de ningún tipo y mi tía que era la Señorita Ayora – muy guapa por cierto –  siempre se arreglaba sola. Pasaba horas frente al espejo maquillándose, haciéndose “crepé” para levantar su pelo después de haber dormido con tubos. ¡Eso era todos los días! Bueno eso de dormir con tubos no sé si era así, solo de imaginármelo ahora me parece una locura, pero toda mi infancia, lo creí.

Los spas de ahora eran los salones de los setentas, de esa época solo recuerdo una visita al salón. Fue la ocasión en la que mi mamá, cansada de mi pelo lacio y terco decidió hacernos a mi hermana y a mí un permanente estilo “Rarotonga”. Éramos tan pequeñas que tuvieron que apilar revistas en las sillas para subirnos, hacernos llegar a la llave y así poder lavarnos el cabello. Recuerdo perfecto el olor a amoniaco, la blusa a rayas – azul y naranja  – y un pantaloncito acampanado de mezclilla que llevaba puestos. ¡Nos sentíamos soñadas!

De ahí a la fecha, he ido de manera muy irregular a que me corten el cabello, algunas veces a manicura y pedicura, hasta un masaje, pero nunca a teñirme el cabello. Tal vez sea muy conservadora pero eso de cambiarme el color de pelo la verdad, no me late. Ni canas tengo, ¿para qué me lo voy a pintar?

Por raro que parezca, he estado más horas en los salones siendo acompañante, el otro día por ejemplo pasé cuatro horas y media disfrutando como niña -con esos juegos de química “Mi Alegría”- todo el procedimiento de decoloración y tinte del hermoso cabello de mi hija. Aunque no es la primera vez que lo tiñe, sí la primera vez que lo decolora. Tiene una lista de por los menos cuatro cambios de color -unos en casa, otros en salón– que se han mantenido dentro del rango aceptable de su extraordinario castaño oscuro.

Claro que en esta ocasión el cambio es radical, por lo que la mezcla de incertidumbre, olores y una lluvia torrencial, hicieron de la tarde un ambiente agradable para aceptar los cambios. Maravillada con los procedimientos y entre pregunta y pregunta al estilista, me adentre en una investigación profunda, busque en internet algo sobre la historia del tinte de pelo y me topé con cosas que me fascinaron.

Los Egipcios, Griegos y Romanos tenían esta costumbre, entre otros métodos para decolorarse aplicaban una pasta preparada con cenizas de madera de haya y sebo de cabra, y para teñirse utilizaban sales de plomo y diversos extractos de plantas como corteza de nuez, vayas negras y henna.

Durante el Renacimiento usaban sosa natural y exponían el cabello al sol durante horas. Se teñían con unos polvos que era ceniza con flores secas, extractos vegetales. Las flores que más se usaban eran violetas y lirios.

En el Barroco aunque llevaban pelucas, para la aplicación de tintes utilizaban extractos que obtenían por maceración y cocción de plantas, como ruibarbo, musgo, nuez de agalla, corteza de abedul y otros…

Y yo feliz leyendo en voz alta y viendo todo lo que pasaba. El estilista y mi hija solo sonreían, moviendo sus cabezas con un cierto dejo de resignación ante mis sorpresas y descubrimientos. Fueron muy pacientes conmigo.

En un momento cuando nos quedamos solas, le dije a mi hija que debería haber una Licenciatura en Belleza, y que una materia podría ser “Historia del teñido de cabello” a lo que añadí, imagínate tener estilistas cultos, eso sería otra manera de profesionalizar el oficio. Me miró de manera un poco extraña pidiéndome silencio, estaba teniendo mucho dolor.

¡Yo no sabía que decolorarse y teñirse el cabello dolía! Mi pobre niña hasta dejo salir un par de lagrimitas.

Después de cuatro horas y media de procedimiento – por fin yo en silencio viendo revistas de bodas y peinados cool – ¡ya estaba hecho! Pasamos de la incertidumbre a la sorpresa y luego a la tranquilidad. Ahora, estamos en una especie de medio tiempo, hay que esperar unos días para que la cabeza descanse y luego volver a decolorar las puntas y teñir con el color definitivo.

Está irreconocible, es bella sin duda y también valiente. A pesar de mi desinterés por el teñido de mi cabello, nunca he dejado de prestar atención al teñido del suyo y frente a este radical cambio su único argumento para tener permiso de hacerlo fue contundente: “Mamá, es la edad, si no lo hago ahora, nunca lo voy a hacer” y me dejé convencer.

Publicado por

Quinientos25

Dirigido por Dora A. Ayora Talavera, Quinientos25 es una Agencia de Relaciones Humanas que a través arte, literatura, psicoterapia y prácticas colaborativas promueve el desarrollo de vínculos positivos que favorezcan nuestras vidas. Trabajamos con organizaciones privadas y gubernamentales, empresas, escuelas, familias, profesionistas y público en general ofreciendo cursos, talleres, psicoterapia, acciones y espacios creativos que promueven el diálogo colaborativo.

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