“La Trappe” Abadía de Monjes Benedictinos

Por Dora A. Ayora Talavera

En noviembre del año pasado me embarqué en una extraordinaria aventura cuyos fines eran principalmente académicos y turísticos, y que sin pensarlo derivó en acontecimientos inesperados que definitivamente han hecho inolvidable ésta experiencia.

Voy a ahorrarme la travesía de casi veinte horas en avión y en tren para situarnos directamente en la ciudad de Tilburg, Holanda. A 10° de temperatura promedio, botas, ropa térmica y guantes para las muy friolentas, bufandas, mochilas y muchos ánimos para salir a pasear.

Primer destino: la Abadía de Monjes Benedictinos “La Trappe” situada a unos 15 minutos en camión fuera de la ciudad de Tilburg, lugar donde se produce la muy conocida cerveza Trappist, denominación de origen. Para llevar el nombre debe ser producida dentro de una Abadía, elaborarse bajo la supervisión de los monjes y una parte de las ganancias debe utilizarse con fines humanitarios.

Llegamos como a las 11:00 am y fuimos de inmediato a la taquilla para averiguar el costo de entradas y horarios. Desafortunada —o tal vez afortunadamente— la siguiente entrada era hasta la 1:00 pm. Había que entrar en grupo y ser parte del recorrido encabezado por una guía que se encargaba de explicar y señalar los detalles más importantes de la “bierbrouwerlij”, fabricación de cerveza.

Después de comprar los tickets, decidimos dar un paseo por los alrededores. Teníamos tiempo suficiente antes de entrar al tour. Lo primero que vimos fue la “kloosterwinkel”, es decir, la tienda del monasterio que de inmediato llamó nuestra atención por el nombre y por lo atractivo que se veía todo lo que había dentro (cerveza, panes, cervezas, camisetas, cervezas, libretas, cerveza, queso, entre otras cosas), pero decidimos dejarla para después.

Desviamos nuestro camino y seguimos una flecha que decía “Mariakapel”, caminamos por los jardines hermosos de la Abadía y al final de un senderito nos encontramos una pequeña capilla con veladoras encendidas, nos tomamos algunas fotos por ahí y seguimos caminando, hasta que nos topamos con otro letrero que decía “Ingang Proeflokaal” ante nuestro dominio perfecto del Neerlandés averiguamos que esa frase era mágica “Entrada a la Sala de Degustación”, obviamente sin dudar nos dirigimos a ella, y tratando de apaciguar nuestro frío pedimos tres cervezas distintas para tener variedad y degustar tres grados distintos de alcohol y claridad: La Trappe Blond 6.5 %, La Trappe Isid’or 7.7% y La Trappe Bockbier 7%, éstas acompañadas de unos jamoncitos como botanita nos permitieron esperar a la entrada del recorrido, que sin darnos cuenta empezó muy pronto.

La guía era una mujer muy alta, delgada, de cabello muy amarillo, manos enormes, pantalón gris, bufanda y botas. Se veía muy elegante. Muy amablemente se acercó a nosotros, nos pregunto si éramos españolas a lo que contestamos que Mexicanas, y nos dijo que el recorrido iba a ser en Neerlandés y que si teníamos algún problema con ello; los 7.066 % de alcohol que teníamos las tres en el cuerpo —puesto que probamos todas las cervezas— facilitó que no nos importara y aceptamos felizmente un folleto muy detallado de todo el recorrido que estaba en inglés. Aún con ello, la guía se acercó varias veces a nosotros durante el paseo a preguntar si todo estaba bien y a saber si teníamos alguna duda.

Nada, todo nos parecía hermoso y maravilloso, tomábamos fotos por aquí, fotos por allá, con silos enormes llenos de granos, los hornos, los tubos de fermentación, los barriles, incluyendo el camión de los bomberos, en fin disfrutamos mucho todo el recorrido mientras nos informábamos leyendo nuestro folleto ilustrado.

Al final, como premio a todos los visitantes, nos llevaron a una salita especial y nos dieron una nueva muestra de cervezas para degustar, en esta ocasión La Trappe Cuadrupel, La Trappe Tripel, La Trappe Puur, el porcentaje de alcohol… ya no lo recuerdo.

Creo que el ambiente de paz que se respira en la Abadía, su adoración al silencio, pero principalmente el efecto de la cerveza, despertó en mí un espíritu nacionalista antes desconocido, y de pronto me vino una conexión inesperada que fue acelerando mi corazón y mi respiración: ¡Holanda! ¡Futból! ¡Robben! ¡Penal! ¿cómo? pero si ¡¡no fue penal!!

Ésta iluminación espontánea me hizo aprovechar la llegada de la guía, que venía a conversar con nosotras y a preguntarnos qué nos parecía la cerveza. Ya entradas en confianza le pregunte si ella sabía de futbol, me dijo que no era aficionada, pero que era de las que lo veían solo cuando había eventos muy importantes como el Mundial. Le dije que se parecía a mí.

Luego en un tono un poco más serio le pegunté si conocía a Robben, ella frunciendo un poco el ceño me dijo que sí, que era un jugador muy importante de la selección Holandesa. Y al empezar a elaborar mi siguiente pregunta oigo a mis espaldas un ¡hm, hm, hm! de una de mis acompañantes que se aclaraba la garganta —pensé que se había atragantado con la cerveza— y del otro lado siento unos pequeños tironcitos a mi abrigo, como jalándome, giré levemente la cabeza pero no hice mucho caso y seguí con mi conversación futbolística: ¿Viste el partido que jugó Holanda vs México? a lo que la guía contesto que sí. A esta profundidad de la conversación ya era inevitable, se lo dije: ¡No fue penal!

La pobre guía, en una escena como de película en cámara lenta: apretó los labios, movió la cabeza de lado a lado cerrando brevemente los ojos y me contestó: sí, tienes razón, pero luego Robben lo reconoció y pidió disculpas. Con esa frase de reconocimiento dejé de escuchar, no recuerdo cómo terminó nuestra conversación ni cómo salimos de la abadía. Sólo me viene a la memoria que salí un tanto acalorada, más por el efecto de la cerveza que por los 8° del ambiente, mis dos queridas compañeras de viaje iban tras de mí, como parte de la escolta que abanderaba nuestro orgullo nacional ahora reparado —en realidad iban tras de mí con un ataque de risa que era imparable— yo, al frente con una mirada fija en el horizonte y una sonrisa de satisfacción que me duró todo el viaje.

Cualquier otro motivo por el que hayamos ido a Holanda pasó a segundo plano, pues ver la cara de nuestra elegante guía reconocer que no fue penal… ¡no tiene precio!

Publicado por

Quinientos25

Dirigido por Dora A. Ayora Talavera, Quinientos25 es una Agencia de Relaciones Humanas que a través arte, literatura, psicoterapia y prácticas colaborativas promueve el desarrollo de vínculos positivos que favorezcan nuestras vidas. Trabajamos con organizaciones privadas y gubernamentales, empresas, escuelas, familias, profesionistas y público en general ofreciendo cursos, talleres, psicoterapia, acciones y espacios creativos que promueven el diálogo colaborativo.

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