Mi hermano pez

Por: Dora Ayora Talavera @DoraAyora

Yo tenía un hermano pez, un par de años mayor que yo, cabello negro, ojos café oscuro y con una condición especial que le hacía tener la piel escamosa. Aunque ese fue su rasgo distintivo nunca fue importante para mí. Fue por muchos años compañero de juegos y travesuras callejeras. Hoy lo recuerdo con pantalón blanco corto, playera y tenis, mostrando sus piernas delgadas y escamosas.

Entre muchas cosas jugábamos a la “carreterita” con cochecitos. Heredé varias veces su ropa de niño, con él iba a la farmacia a comprar paletas Holanda para ver si salía la última letra que necesitábamos para ganarnos una bicicleta. A la salida de la primaria nos encontrábamos y esperábamos a nuestras respectivas hermanas. Su casa era un enigma, pues la alfombra blanca de la sala impedía que ninguno de nosotros pudiera entrar, él y sus hermanos andaban sin zapatos y eso me intrigaba y me despertaba mucha curiosidad. Algunas veces por las tardes o los sábados en la mañana, nos subíamos a las bardas de atrás de nuestros patios para platicar desde lo alto o bajábamos a su jardín con pasto verde, cuadrado, bien cortado.

No recuerdo nuestras conversaciones ni nuestras voces, tampoco recuerdo si alguna vez estuvimos tristes juntos o si lloramos por alguna injusticia materna. Lo que sí sé es que aunque nuestra amistad-hermandad se perdía entre tantos infantes, hoy lo recuerdo muy claramente.

Tengo seis hermanas, aunque toda mi infancia la compartí sólo con cinco de ellas. Este periodo estuvo rodeado de muchos amigos, en la calle donde vivíamos había por lo menos siete familias que tenían entre dos y seis hijos. Así que es fácil imaginar que salir significaba compartir la tarde con docenas de pequeños vecinos.

Nuestras edades fluctuaban tal vez  entre los 4 y los 16 años, todo los que pasaban más allá de 16 ya eran “grandes” y no se juntaban con nosotros. Con unos más con otros menos compartimos todo tipo de aventuras que nos convirtieron en hermanos. Los grandes cuidaban a los chicos, aunque había algunos que se dedicaban a hacer maldades y asustarnos.

Teníamos juegos que iban desde los más espontáneos como carreras, brincar la reata, pintar en la calle, avión, escondidillas, hasta grandes actividades bien organizadas como pedir posada y romper piñatas, concursos de disfraces y las famosas Olimpiadas en las que hasta una antorcha prendimos todos vestidos de blanco desfilando por nuestra calle.

Así crecí, compartiendo mi cuarto con cinco hermanas de sangre y la calle con por lo menos veinte hermanos de amistad. Creo que por la cercanía de nuestras casas, mi hermano pez siempre fue especial. Era tan libre como yo. Tal vez la compañía mutua nos hacía libres. Fuimos libres en secreto.

Pero llegó el día en que mi familia, la familia de las seis niñas yucatecas se mudó. Dejamos nuestra casa de infancia para ir a la tierra de mis padres. No sé qué pasó que nos dejamos, mi hermano pez y yo nunca nos escribimos, nunca nos volvimos a hablar. Solo de oídas me enteré que se había casado, que estudió arquitectura, que tenía una hija. No sé si él supo algo más de mí.

Nunca entre tanto juego de infancia nos dijimos cuánto nos queríamos, si nos íbamos a extrañar. Nunca durante las tardes compartidas nos imaginamos que dejaríamos de vernos y mucho menos que algún día alguno iba a morir. No había tiempo para esas cosas, nuestras grandes aventuras empañaban cualquier asunto relacionado con la vida. La vida para nosotros eran nuestros juegos, la vida eran nuestras risas, la vida era jugar y compartir.

Hermano pez: tu ausencia hoy me remontó a la infancia y a toda esa vida acompañada. Descubro cuán poderoso fue jugar todos los días con alguien, cuán fuerte son los lazos de amor entre hermanos, cuán libres fuimos en toda nuestra infancia.

¡Adiós querido Víctor, mi único y más querido hermano pez!

Publicado por

Quinientos25

Dirigido por Dora A. Ayora Talavera, Quinientos25 es una Agencia de Relaciones Humanas que a través arte, literatura, psicoterapia y prácticas colaborativas promueve el desarrollo de vínculos positivos que favorezcan nuestras vidas. Trabajamos con organizaciones privadas y gubernamentales, empresas, escuelas, familias, profesionistas y público en general ofreciendo cursos, talleres, psicoterapia, acciones y espacios creativos que promueven el diálogo colaborativo.

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