Diálogo imaginado entre Saramago y Vargas Llosa

Por Dora A. Ayora Talavera | @DoraAyora

Las épocas electorales que vivimos en el país, con todos sus acontecimientos, con sus “ires y venires” me hicieron imaginar un diálogo entre José Saramago y Mario Vargas Llosa a través de sus textos: Ensayo sobre la Lucidez y La Verdad de las Mentiras.

Imagino una conversación que ya llevaba un rato y el intercambio de ideas se ha vuelto intenso podría decir que es el clímax del diálogo. Vargas Llosa argumenta algo así: “pero una ficción lograda, encarna la subjetividad de una época y por eso las novelas, aunque cotejadas con la historia, mienten, nos comunican unas verdades huidizas y evanescentes que escapan siempre a los descriptores científicos de la realidad”.

A lo que Saramago, animadamente, contesta: un buen ejemplo de ello es mi novela Ensayo sobre la lucidez, que cuenta cómo durante las elecciones municipales de una ciudad sin nombre —porque eso es muy importante, no tienen nombre— la mayoría de sus habitantes deciden individualmente ejercer su derecho al voto de una manera inesperada.

Sin contenerse, Vargas Llosa interrumpe y dice: ¡amigo mío! Hay casos como tu novela donde “la diferencia entre verdad histórica y verdad literaria desaparece y se funde en un híbrido que baña la historia de irrealidad y vacía la ficción de misterio, de iniciativa y de inconformidad hacia lo establecido”.

Saramago: Cuánta verdad literaria hay descrita al final del primer capítulo… “pasaba la media noche cuando el escrutinio terminó. Los votos válidos no llegaban al veinticinco por ciento, distribuidos entre el partido de la derecha, trece por ciento, partido del medio, nueve por ciento y partido de la izquierda, dos y medio por ciento. Poquísimos los votos nulos, poquísimas las abstenciones. Todos los otros, más del sesenta por ciento de la totalidad, estaban en blanco”.

Vargas Llosa: claro que es “la irrealidad a la que el poder de persuasión del buen escritor –como lo es usted querido amigo­– y la credulidad del buen lector confieren una precaria realidad”.

Saramago: Mis lectores han sido advertidos en un folleto incluido en mi novela “lectores: Todo lo sucedido en el libro es producto única y exclusivamente de la poderosa imaginación del Premio Nobel de la literatura. La realidad tiene el grosero empeño de imitar los hechos narrados en esta novela”.

Vargas Llosa: pero usted, querido amigo ha trascendido ese “estricto sistema de censura que suele instalarse para que la literatura fantasee también dentro de causes rígidos, de modo que sus verdades subjetivas no contradigan ni echen sombra sobre las historias oficiales”.

Saramago: Cuando el presidente de la mesa electoral número catorce, dice mi novela, habla al “Ministerio para saber qué estaba pasando, tuvo que reconocer: estoy muy preocupado, algo francamente extraño está pasando aquí, hasta este momento no ha aparecido ni un elector para votar, hace más de una hora que hemos abierto y ni un alma…”

Vargas Llosa: esta llamada del presidente de la casilla y lo que acontece después me hace pensar cuando “un estado, en su afán de controlarlo y decidirlo todo, arrebata a los seres humanos el derecho de inventar y creer las mentiras que a ellos les plazcan, un gran centro neurálgico de la vida social queda abolido”.

Saramago: “El gobierno interpreta el ejemplo de civismo mostrado por mis personajes, como un gesto revolucionario, capaz de socavar los cimientos de una democracia degenerada, y creen que puede ser producto de una conjura anarquista internacional o de grupos extremistas desconocidos…”

La conversación podría prolongarse mucho rato más, pero es necesario detenerla y señalar la lección que me deja: una novela, aunque sea ficción, es un muy buen ejemplo de valentía.  Es una gran muestra de conciencia social, de responsabilidad, de compromiso con una verdadera democracia ejercida con libertad al no votar por candidatos inelegibles, a no conformarse con tener que escoger entre candidatos que nos fueron impuestos. Pero bueno, sólo me queda reconocer que Vargas Llosa tiene razón, “la vida real, la vida verdadera, nunca ha sido ni será bastante para colmar los deseos humanos. La ficción nos compensa de esa trágica condición que es la nuestra: la de desear y soñar siempre más de lo que podemos alcanzar”. Aunque por otro lado, ¿podrá la ficción volverse realidad?

Nota: Todos los fragmentos entre comillados hacen referencia a citas textuales de los libros Ensayo sobre la Lucidez de José Saramago y La Verdad de las Mentiras de Mario Vargas Llosa, ambos publicados por la editorial Alfaguara.

Publicado por

Quinientos25

Dirigido por Dora A. Ayora Talavera, Quinientos25 es una Agencia de Relaciones Humanas que a través arte, literatura, psicoterapia y prácticas colaborativas promueve el desarrollo de vínculos positivos que favorezcan nuestras vidas. Trabajamos con organizaciones privadas y gubernamentales, empresas, escuelas, familias, profesionistas y público en general ofreciendo cursos, talleres, psicoterapia, acciones y espacios creativos que promueven el diálogo colaborativo.

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