Compañeras inesperadas

Por Dora A. Ayora Talavera | @DoraAyora

En un principio pensé que eran tercas dada la insistencia de hacer algo que me resultaba imposible. Después lo comprobé, tercas y testarudas en el empeño desmedido por hacer un nido en una franja de madera de 6 cm, me parecía una tarea absurda.

Por semanas trajeron ramitas de diversos tamaños y grosores para tratar de hacer su nido en el borde de la ventana de mi cuarto. No noté de inmediato de qué se trataba, los primeros días solo veía que alguien echaba “basura” en mi cuarto, me sorprendía y algunas veces me molestaba. Hasta que descubrí que nadie quería fastidiarme, eran dos tortolitas que encontraron en mi ventana el lugar ideal para anidar.

Fue tanta su insistencia y sus fracasos que movieron mi corazón y decidí clavar en ese rinconcito una pequeña canastita para que no se caigan las ramas y puedan hacer su nido libremente. El día que puse la canasta dejaron de venir, me decepcioné, pero un par de días después regresaron y vieron que no había peligro, supongo que en su idioma tortoril habrán dicho que fue buena idea. Su intuición aviar les permitió probar y les gustó tanto que no solo se quedaron esa temporada: llevan ocho años anidando en mi ventana. ¡Generaciones enteras de tortolitas he visto brotar!

Creo que ya somos amigas, me considero madrina de todos los hijos que han tenido, me he lamentado cuando he visto que algunos huevitos se han caído y roto. Así como he sido testigo del crecimiento de su familia ellas han sido testigo de mí. A las pobres les ha tocado oírme cantar, seguro admiran mi disciplina pues todos los días tiendo mi cama, conocen mi ropa vieja y se ponen muy felices cuando me ven estrenar.

Casi nunca como en mi cama, pero cuando me ven llegar con un plato, sus ojos se desorbitan a tal grado que decido dar marcha atrás y regreso al comedor para no molestarlas. Claro que a veces cuando salen a sus redondeles aprovecho para saciar mi hambre, acostada.

¡Han visto lo que nadie! Me han visto triste, feliz y en todos los humores. Han sabido perdonar mis enojos y cuando he estado enfurecida basta una mirada de alguna de ellas y un movimiento de negación con su cabeza para reprocharme mi mal comportamiento. Por eso tenemos un pacto de silencio, yo no contaré lo que sé de ellas,  ni ellas en sus vuelos por la ciudad ventilarán mis intimidades. Con el paso de los años nos tenemos tanta confianza que ellas con sus gorjeos y yo con mis palabras nos contamos cosas, saben secretos que solo les he confiado a ellas.

Este fin de semana, mientras estaba acostada en mi cama, sentí que me miraban insistentemente, nos miramos a los ojos y lo supe de inmediato, con unos cuantos picotazos a sus alas y sus cabezas, con un par de gorjeos me hicieron saber de su alegría por que nuevos tortolitos están por llegar, me sonreí y les tomé unas fotos, las primeras en todos estos años, es maravilloso ser testigo de la vida familiar de estas aves que confiadas vinieron a vivir a mi ventana.

Con el paso de los años se han convertido en mis compañeras inesperadas, mis cómplices y confidentes invaluables. Aunque la canasta se desintegró hace ya más de un año, han encontrado la manera de aferrar su nido a mi ventana, se han negado a irse, creo que es en agradecimiento o tal vez porque ya consideran que ésta también es su casa.

Publicado por

Quinientos25

Dirigido por Dora A. Ayora Talavera, Quinientos25 es una Agencia de Relaciones Humanas que a través arte, literatura, psicoterapia y prácticas colaborativas promueve el desarrollo de vínculos positivos que favorezcan nuestras vidas. Trabajamos con organizaciones privadas y gubernamentales, empresas, escuelas, familias, profesionistas y público en general ofreciendo cursos, talleres, psicoterapia, acciones y espacios creativos que promueven el diálogo colaborativo.

2 respuestas a “Compañeras inesperadas

  1. QUE LINDO DORA, ES UNA BENDICION QUE DISFRUTES DE LA CREACION DE DIOS. FELICIDADES, NO TODAS LAS PERSONAS TENEMOS ESE PRIVILEGIO, Y TENEMOS MUCHO QUE APRENDER DE ELLAS, QUE APESAR DE TODOS LOS OBSTACULOS SON PERSEVERANTES, NUNCA DESISTEN, SON PACIENTES, QUIZA MUCHAS VECES TENIAN QUE VOLVER A EMPEZAR Y ENTRE MUCHOS LADOS QUE QUIZA HABIAN BUSCADO, AL FIN ENCONTRARON UN RINCON DONDE SE SIENTE SEGURAS, AMADAS, ADMIRADAS.

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