¡No lo digas muy fuerte pero sí, hay calor!

Por Dora A. Ayora Talavera | @DoraAyora

8:00 am 25° centígrados

¿Cómo? 25° pero ¡¡si apenas está amaneciendo!!

¡¡¿¿A cuántos grados vamos a llegar hoy??!!

Basta con pensarlo, basta solamente con que la idea asome en tu cabeza y estás perdida. Basta con que te atrevas a pensar… ¡que calor! Y entonces es darle permiso a tu cuerpo para empezar a sudar. Para sentir cómo esas gotitas se escurren por tu frente, por tu espalda, ver cómo de tus brazos empiezan a emanar perlas transparentes con el potencial de convertirse en ríos, torrentes salados.

No hay nada como abrir tu carro a medio día y sentir una ráfaga de aire hirviendo a por lo menos 80°, es para morirse; pero subirte, abrir las ventanas sin respirar para que esos vapores de fuego no quemen tu tracto respiratorio y tus pulmones, ¡eso es heroísmo!

Ir por la calle o en la carretera y de pronto ver que el pavimento se evapora o que a lo lejos hay una laguna; te sorprendes y caminas para intentar acercarte y simplemente descubres, ¡es un espejismo!

No importa qué tan temprano sea en la mañana, imposible a media día, o a las 8:00 de la noche, no hay manera de salir a correr y no terminar sofocada, con cara de tomate, con las manos hinchadas, bañada en sudor y muriendo de sed.  ¡Eso es disciplina!

Qué le hace este calor al cuerpo que aún debajo de la regadera sigue sudando, por lo menos eso me parece, ya que cuando sales de bañarte y te secas, no hay manera de secarse, pareciera que la toalla es una especie de brocha que quita el agua del baño al mismo tiempo que te vuelve a poner sudor en el cuerpo. ¡Eso es sorprendente!

No hay nada como tratar de dormir una siesta a medio día o simplemente en la noche; si duermes en hamaca descubres que está hirviendo tanto como la pared de la que cuelga; y de las sábanas de tu cama ni qué decir, parecen acabadas de planchar, no por lo lisitas, si no por lo calientes. ¡Eso es calor!

Aquí uno no se baña para estar limpio, entras a la regadera con la ilusión de un baño fresco, y qué descubres, que hay que bañarse en 17 segundos, 8.5 con la llave del agua caliente justo antes de que hierva y 8.5 del agua fría antes de que te despellejes. ¡Eso es valentía!

Cada mañana frente al espejo, aún con la ilusión de que ese baño realmente refresque, sabes que el efecto es fugaz, pues rápidamente notas que tu cuerpo empieza nuevamente a sudar copiosamente impidiendo dos cosas, vestirte y maquillarte. No hay poder humano que impida que empieces el día sin que tu ropa se moje y que tu capa de maquillaje sea perfecta, discreta y homogénea, pues la textura de tu piel húmeda no lo permite. ¡Eso es tu vanidad puesta en jaque!

No se trata de si eres una atleta esbelta y muy fuerte o una mujer con carnitas y muy ágil, es seguro que si te atreves a comer sopa de lima o un poco de habanero, te derretirás de sudor y de placer. ¡Eso es golosidad!

Claro que tender tu cama, quitar tu hamaca, ordenar tus libros, lavar tus dientes son actividades que justifican un sudor copioso a cualquier hora del día. ¡Eso es la vida cotidiana!

Pero que sentarte a escribir, leer, pensar, escuchar música sin moverte o simplemente hablar tengan el mismo efecto, eso ¡eso es una infamia!

Pero así se vive en este lugar localizado entre la latitud 21°38´ – 19°32’ y la longitud 87°22’ – 90°24’ de nuestro planeta, o sea aquí en Yucatán. ¡Eso es la felicidad!

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